"En el momento
de la cópula, la pareja animal no está formada por dos seres discontinuos que se
acercan y se unen a través de una corriente momentánea de continuidad;
propiamente hablando, no existe la unión: dos individuos que están bajo el
imperio de la violencia, que están asociados por los reflejos ordenados de la
conexión sexual, comparten un estado de crisis en el que, tanto el uno como el
otro, están fuera de sí. Ambos seres están, al mismo tiempo, abiertos a la
continuidad. Pero en las vagas conciencias nada de ello subsiste; tras la
crisis, la discontinuidad de cada uno de ambos seres está intacta. Es, al mismo
tiempo, la crisis más intensa y la más insignificante...".
"El impulso
carnal es singularmente extraño a la vida humana; se desencadena fuera de ella,
con la condición de que calle, con la condición de que se ausente. Quien se
abandona a ese impulso ya no es humano; ese impulso es, al modo del animal, una
ciega violencia que se reduce al desencadenamiento, que goza de ser ciego y
haber olvidado ...".
Penétrame
para olvidar mi muerte.
Ámame para
resistir
el acto de
ver y recordar.
